Sesión Abierta / por Horacio Miranda.
Cuando los inconformes se empiezan a reconocer.
No fue un evento de campaña, pero se sentía como uno. No fue un mitin, pero el aire pesaba con esa inconformidad que ya no se puede ocultar.
La visita de Manuel Clouthier Carrillo a Guasave, invitado por Coparmex, fue mucho más que una charla para empresarios. Lo que vimos en el salón fue un fenómeno curioso: gente que rara vez coincide en la misma mesa se sentó hombro con hombro. Líderes de cámaras, académicos que salieron de sus cubículos y políticos (unos con chamba y otros buscándola) que no le quitaban el ojo al tablero.
Clouthier fue clarísimo, fiel a su estilo: no busca votos. Su retiro de las boletas desde 2019 sigue firme. Pero soltó una verdad que retumbó en las paredes: México urge de contrapesos, sobre todo en el Congreso. Y miren, cuando alguien con ese apellido habla de equilibrar el poder, hasta el más distraído toma nota.
Pero el fondo no fue el discurso de Manuel. Lo verdaderamente relevante fue el rostro de la audiencia.
En la sala se respiraba un desencanto real, ese cansancio del discurso oficial que ya no conecta. Empresarios que antes preferían no “hacer olas” ahora hablan de entrarle a la participación ciudadana. Académicos que antes solo teorizaban, ahora preguntan por rutas de acción.
Guasave no es una burbuja ajena al país, pero hoy está mostrando algo nuevo: la queja individual está pasando a ser una inquietud colectiva.
La pregunta que quedó flotando no es si habrá oposición, sino qué cara va a tener:
- ¿Serán los mismos partidos de siempre, hoy tan desconectados de la gente?
- ¿Surgirá un nuevo color que aproveche el hartazgo?
- ¿O veremos candidaturas ciudadanas impulsadas desde la sociedad y el sector empresarial?
Todavía no hay respuestas, pero las señales ahí están. Los líderes empresariales ya no solo piden estabilidad; ahora exigen, critican y asumen una responsabilidad que antes esquivaban. Y eso, en nuestra tierra, no es poca cosa.
Clouthier no vino a “destaparse”, vino a sacudir el avispero. Y, casi sin querer, se convirtió en el punto de encuentro para los que ya no se sienten representados por nadie.
La pregunta incómoda
Seamos honestos y hablemos sin rodeos: ¿Están realmente dispuestos a pagar el costo de enfrentar al poder?
Derrotar a un movimiento como la 4T no se logra con conferencias de una tarde, cafés largos o discursos bonitos en redes sociales. Se requiere organización, suela, sudor y, sobre todo, meterle recursos y prestigio al fuego.
¿Están listos en Guasave para eso? ¿O solo es la nostalgia de querer recuperar los privilegios de antes?
El pueblo ya no es el de hace diez años. La gente desconfía de los apellidos de siempre y de las promesas recicladas. ¿Confiarán en quienes hoy señalan al gobierno, pero ayer fueron parte del sistema que nos trajo hasta aquí? ¿Es un despertar ciudadano o solo un reciclaje político con aroma a lo mismo?
Criticar es el deporte nacional y es facilísimo. Pero construir una alternativa cuesta, y mucho.
Guasave está en esa sala de espera donde se toman las decisiones grandes. O esta molestia se traduce en un proyecto serio, honesto y que camine la calle, o se quedará como otra anécdota de café. La política no perdona a los que dudan, y el reloj ya está corriendo.





