Defender lo que no se usa: la biblioteca y una resistencia sin sustento
Integra® Noticias
17 abril, 2026
Categoría: Norte | Sinaloa

Sesión Abierta / Por Horacio Miranda

Entre una realidad que exige transformación y una propuesta de modernización cultural, el debate en Guasave exhibe más oposición que participación activa.

Hay causas que se abrazan con fuerza… pero llegan tarde.

La discusión en torno a la Biblioteca Pública Municipal “Dr. Raúl Cervantes Ahumada” ha tomado un tono que va más allá de la cultura. Hoy no solo se debate un espacio físico, sino la manera en que entendemos el papel de los espacios públicos en una sociedad que cambia.

De pronto, la biblioteca volvió al centro de la conversación. Activistas, promotores culturales y colectivos han levantado la voz, han convocado a eventos, han llamado a defender el inmueble como si se tratara de un símbolo en riesgo. El “Maratón Cultural ‘Páginas en rabia’” es muestra de ello: una reacción organizada que busca frenar cualquier intento de reubicación.

Pero en medio de esa energía, hay una pregunta que incomoda.

¿Por qué ahora?

Porque mientras hoy se convoca, se protesta y se visibiliza, durante mucho tiempo la conversación fue otra: silencio, inercia, poca apropiación real del espacio. No desde el discurso, sino desde la práctica cotidiana.

Y ahí es donde el debate pierde equilibrio.

La propuesta del municipio no gira en torno a desaparecer la biblioteca. Plantea transformarla. Modernizarla. Actualizar su acervo bibliográfico en coordinación con el Instituto Sinaloense de Cultura, mejorar su infraestructura tecnológica y, sobre todo, replantear su ubicación para acercarla a donde realmente se mueve la vida comunitaria.

No es una decisión menor. Implica romper con inercias.

Implica aceptar que los espacios culturales también deben evolucionar. Que no basta con conservarlos por lo que fueron, sino por lo que pueden llegar a ser.

Sin embargo, la respuesta ha sido una resistencia inmediata, cargada más de simbolismo que de diagnóstico.

Porque defender la cultura no es únicamente oponerse. También es asumir responsabilidad sobre su uso, su dinamismo y su vigencia. Y en ese sentido, resulta inevitable señalar que muchos de los que hoy encabezan la defensa no han sido precisamente los principales impulsores del espacio en los últimos años.

No es una crítica personal. Es una observación estructural.

Se está defendiendo la forma.. sin analizar el fondo.

Al mismo tiempo, aparece otro elemento que vale la pena poner sobre la mesa: la narrativa de imposición. Se habla de decisiones unilaterales, cuando en realidad lo que existe es una etapa de análisis, sujeta a normatividad estatal y federal, al tratarse de una biblioteca integrada a una red nacional.

Es decir, no hay ruptura. Hay proceso.

Y en ese proceso, la información es clave.

Porque si algo necesita este debate es menos reacción y más entendimiento. Menos consigna y más contexto.

La cultura en Guasave no puede quedarse atrapada en la nostalgia. Tampoco puede depender únicamente de espacios que no se adaptan a las nuevas dinámicas sociales. Hoy el acceso al conocimiento, a la lectura y a la formación cultural pasa por otras rutas: tecnología, cercanía, interacción.

Negarse a eso no es defender la cultura. Es limitarla.

Pero también hay que decirlo con claridad: modernizar no debe significar improvisar. Cualquier transformación debe garantizar que la biblioteca no solo cambie de lugar, sino que mejore en fondo y forma. Que tenga vida. Que tenga contenido. Que tenga sentido.

Ahí está el verdadero reto.

No entre quienes protestan y quienes gobiernan.
Sino entre lo que fuimos… y lo que necesitamos ser.

Porque al final, la cultura no se sostiene en edificios.
Se sostiene en su capacidad de conectar con la gente.

Y hoy, Guasave tiene frente a sí una oportunidad incómoda, pero necesaria: dejar de defender inercias… y empezar a construir utilidad.