Temperaturas extremas exponen fallas en prevención y obligan a replantear la respuesta institucional y social
Culiacán, Sinaloa.- El calor en Sinaloa dejó de ser un fenómeno estacional para convertirse en un riesgo permanente. Los primeros dos casos de golpe de calor registrados en lo que va del año, confirmados por Gerardo Kenny Inzunza Leyva, marcan el arranque de una temporada que, por antecedentes recientes, podría escalar rápidamente.
Con temperaturas que ya superan los 40 grados, el problema no radica únicamente en el clima, sino en la falta de adaptación frente a sus efectos. Un menor afectado durante actividad deportiva y un trabajador expuesto en su jornada evidencian una constante: la prevención sigue siendo débil en espacios donde el riesgo es previsible.
El dato más contundente está en la memoria reciente. En 2025, Sinaloa registró 17 casos de golpe de calor y tres fallecimientos. No fue suficiente para transformar protocolos ni para establecer mecanismos más estrictos de protección en escuelas, centros laborales o actividades al aire libre.
Hoy, la respuesta institucional continúa anclada en recomendaciones básicas hidratación, evitar exposición prolongada, uso de ropa ligera que, si bien son necesarias, resultan insuficientes frente a escenarios de calor extremo cada vez más recurrentes.
El fondo del problema es estructural. No hay protocolos obligatorios generalizados para suspender actividades físicas en horarios críticos, ni garantías plenas para trabajadores expuestos al sol. Tampoco existe una cultura sólida de autocuidado que permita anticipar riesgos en población vulnerable.
El calor no es un imprevisto: es una constante predecible. Y en ese contexto, la omisión se vuelve responsabilidad compartida. Autoridades, empleadores y ciudadanía están frente a una misma exigencia: pasar del discurso preventivo a la acción concreta.





