Entre Veredas / por Marco Antonio Lizárraga
Mover el avispero
PROS Y CONTRA
La reaparición pública de Gerardo Vargas Landeros en un evento de legisladores de Morena en Mazatlán fue mucho más que una postal política: fue un mensaje cuidadosamente diseñado, cargado de señales y con consecuencias que van más allá del salón donde se celebró.
El exalcalde de Ahome —vinculado a proceso en tres ocasiones por el poder Judicial, la última hace algunos días — volvió a escena arropado por parte de la dirigencia morenista, en un acto que refleja tanto las fortalezas como las contradicciones internas del movimiento guinda en Sinaloa.
Por un lado, la presencia de figuras como Alfonso Ramírez Cuéllar y Guadalupe Chavira confirma que Vargas conserva un capital político significativo y relaciones de largo aliento dentro del partido.
Los aplausos, consignas y llamados a “cerrar filas” evidencian que hay un sector que no solo lo respalda, sino que ve en él a un operador experimentado capaz de seguir jugando un papel relevante en el escenario político estatal.
Este tipo de respaldos suelen ser leídos como una señal de que, pese a los procesos judiciales, Vargas sigue teniendo valor dentro del ajedrez político, al menos de un ala de Morena.
Sin embargo, el episodio también exhibe el otro rostro del movimiento: Morena no es un bloque monolítico.
La asistencia y el protagonismo del exalcalde incomodaron a ciertos sectores del partido que han optado por tomar distancia o, al menos, no respaldar públicamente a un político bajo investigación.
La división interna se hace evidente cuando una parte de la militancia interpreta el gesto como lealtad política y otra como un error estratégico que puede comprometer la imagen del partido ante la opinión pública.
Desde el punto de vista político, el regreso de Vargas tiene ventajas claras.
Por un lado, fortalece una alianza con Ramírez Cuéllar que data de años y que puede convertirse en una plataforma de negociación rumbo al proceso electoral de 2027.
También permite a Morena mantener cohesionada a una parte de su estructura en el norte del estado, donde el exalcalde conserva influencia y redes de operación.
Pero los riesgos son igualmente significativos.
El apoyo abierto a un personaje vinculado a presuntos actos de corrupción puede ser leído como una contradicción con el discurso de “transformación” que Morena ha enarbolado desde su origen.
Además, el propio llamado de Ramírez Cuéllar a eliminar el fuero —una declaración dirigida en teoría contra la impunidad— puede interpretarse como un mensaje ambiguo cuando se pronuncia en un acto en el que se ovaciona a un político en medio de un proceso judicial, en este caso, aludimos a que el respaldo fue bajo el principio de presunción de inocencia.
En el fondo, la reaparición de Gerardo Vargas revela un dilema recurrente en la política mexicana: el equilibrio entre la lealtad política y la coherencia institucional. Morena debe decidir si el capital electoral que representa Vargas justifica el desgaste que su cercanía puede provocar en la narrativa del partido.
Por ahora, el mensaje que quiso mandar Vargas Landeros desde Mazatlán es que no está fuera del juego. Su regreso, aunque respaldado solo por una parte del movimiento, confirma que sigue siendo un factor de poder.
La duda es si ese respaldo terminará fortaleciendo a Morena o si, por el contrario, se convertirá en un costo político que el partido tendrá que asumir más adelante.
Tiempo al tiempo.
LOGRO
En temas sociales también es bueno analizar lo que ocurre en positivo. Hay eventos que trascienden el ámbito deportivo y se convierten en auténticos símbolos de solidaridad.
El Cuadrangular del Bienestar de Béisbol, organizado por el DIF Sinaloa, es uno de ellos. En su cuarta edición, volvió a demostrar que cuando el propósito es noble, la sociedad sinaloense responde con generosidad, empatía y compromiso.
Más de 15 mil personas se reunieron en el estadio de los Tomateros no solo para disfrutar de un juego, sino para sumar esfuerzos a favor de una causa profundamente humana: apoyar a niñas, niños y adolescentes en espera de un trasplante renal.
El éxito del evento, que ya recaudó más de 4.8 millones de pesos, no se mide únicamente en cifras, sino en esperanza. Cada peso representa una oportunidad de vida, una posibilidad real de que familias enteras vean cumplido el sueño de un futuro saludable para sus hijos.
La iniciativa también refleja la evolución de un proyecto con impacto tangible. En años anteriores, el cuadrangular permitió financiar cirugías cardiacas, tratamientos contra la diabetes infantil y programas de salud visual.
Hoy, el enfoque en los trasplantes renales amplía ese compromiso con un problema complejo y urgente, recordando que la salud pública se construye no solo desde las instituciones, sino también desde la participación colectiva.
El gesto más simbólico de la jornada lo protagonizó Sarahí Bartolo, una niña diagnosticada con insuficiencia renal crónica que lanzó la primera bola.
Su presencia resumió el sentido profundo de esta iniciativa: detrás de cada donación hay historias, nombres y vidas que pueden cambiar para siempre.
El Cuadrangular del Bienestar no es solo un evento deportivo con causa; es un recordatorio de lo que Sinaloa puede lograr cuando gobierno, ciudadanía y sector privado unen fuerzas por un mismo objetivo.
Y en tiempos donde la división suele ocupar los titulares, gestos como este recuerdan que la solidaridad sigue siendo uno de los valores más poderosos para transformar realidades.
La política social debe destacarse, porque, en este caso es factor de unidad entre las empresas beisboleras, el gobierno y la sociedad.
IMPULSO
El primer informe de labores de las diputadas y diputados de Morena en Mazatlán dejó claro que el grupo parlamentario busca consolidar una narrativa de continuidad con el proyecto de la Cuarta Transformación.
El mensaje de la diputada Tere Guerra, presidenta de la Junta de Coordinación Política, giró en torno a la idea de que Sinaloa se encuentra “en la ruta correcta”, con acciones que van desde reformas legislativas hasta programas de apoyo a mujeres, comunidades indígenas y sectores históricamente marginados.
El énfasis en la coordinación con el Ejecutivo estatal es uno de los puntos clave. Guerra reconoció que los avances legislativos han sido posibles gracias al respaldo del gobernador Rubén Rocha Moya, un señalamiento que refuerza la idea de un bloque político cohesionado.
Esto, en un estado con tradición de tensiones entre poderes, puede interpretarse como una ventaja institucional: la posibilidad de legislar con mayor eficacia y menos confrontación.
Por otro lado, el informe también evidenció el desafío de traducir esa unidad política en resultados tangibles.
Los legisladores resaltaron iniciativas en materia de turismo, pesca, educación y medio ambiente, pero aún está presente la percepción ciudadana de que las transformaciones legislativas tardan en reflejarse en la vida cotidiana.
La propia Tere Guerra lo admitió al señalar que “afuera siempre habrá deudas pendientes”, un reconocimiento a que la agenda del Congreso compite con décadas de rezagos estructurales.
El acto, con presencia de autoridades estatales y municipales, funcionó como un ejercicio de cohesión interna y de reafirmación política.
Sin embargo, más allá de los aplausos y del simbolismo, el reto será sostener la narrativa de transformación con resultados verificables para la población.
La ciudadanía no mide la eficacia legislativa en número de iniciativas aprobadas, sino en los cambios que percibe en servicios, derechos y oportunidades.
En síntesis, el informe legislativo en Mazatlán mostró a un grupo parlamentario sólido en el discurso y articulado con el Ejecutivo.
Pero también dejó en claro que la verdadera transformación de Sinaloa no dependerá solo de leyes aprobadas, sino de la capacidad de convertirlas en soluciones concretas frente a los problemas que siguen marcando la vida diaria de miles de familias.
Pero esa, es otra historia que dependerá de múltiples factores
marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx





