Guasave, Sinaloa.- La muerte del doctor Píndaro Álvarez, investigador del CIIDIR, tras el accidente ocurrido en el socavón de la calle Juan Carrasco, no sólo dejó luto e indignación en Guasave: también abrió un momento delicado para la vida pública del municipio. Hoy, mientras la ciudad exige justicia, se vuelve igual de importante que esta tragedia no se convierta en campaña, ni en una plataforma para sacar ventaja política.
Lo ocurrido es un hecho doloroso, grave y que debe investigarse a fondo. La ciudadanía tiene derecho a conocer qué pasó, por qué pasó, quién debía actuar, qué se hizo y qué no se hizo. Pero ese reclamo legítimo corre el riesgo de distorsionarse cuando el tema se usa para protagonismos, ataques y discursos que buscan más reflectores que soluciones. En pocas palabras: Guasave no necesita un ring político, necesita respuestas.
En las últimas horas, el caso ha escalado en el debate público y algunos regidores de oposición han fijado postura exigiendo castigo y señalando presuntas omisiones. Es válido que existan cuestionamientos y exigencias, porque forman parte del trabajo público, pero el problema aparece cuando el dolor de una familia y el miedo de una ciudad se convierten en combustible electoral. Ahí es donde se cruza una línea peligrosa: la tragedia deja de ser un llamado a corregir y se vuelve un recurso para dividir.
Lo que hoy espera la gente no es un intercambio de culpas ni una guerra de declaraciones. La ciudadanía quiere ver acciones concretas: que se asegure la zona, que se revise la infraestructura urbana con seriedad, que se atiendan otros puntos de riesgo y que se establezcan medidas preventivas para que no vuelva a ocurrir una tragedia similar. Esa es la verdadera exigencia social, la que no se resuelve con conferencias ni con frases, sino con trabajo y resultados.
También es importante entender que, ante un hecho de esta magnitud, el municipio necesita coordinación y responsabilidad institucional. La autoridad municipal tiene el reto de responder con claridad, transparencia y acciones inmediatas, pero también requiere que el tema no sea saboteado por intereses personales o partidistas. Porque cuando un caso se politiza, lo primero que se pierde es el enfoque: se distraen los esfuerzos, se rompe la confianza y se contamina la búsqueda de justicia.
Guasave hoy está dolido, pero también está atento. Y en ese escenario, cada actor público gobierno, regidores, partidos, líderes y voces influyentes tiene una responsabilidad ética: hablar con respeto, no incendiar el ánimo social y no usar el dolor como escalera. La tragedia merece verdad, justicia y reparación, no espectáculo.
Este caso debe marcar un antes y un después en la manera en que se atienden los riesgos urbanos en la ciudad. No sólo se trata de señalar, sino de corregir. No sólo de exigir, sino de prevenir. Y sobre todo, de mantener el respeto por la memoria de quien perdió la vida y por una comunidad que no quiere más tragedias, sino un municipio más seguro.
Porque al final, cuando el dolor se usa como campaña, se pierde lo más importante: el sentido humano del hecho, el respeto a la víctima y la oportunidad real de cambiar lo que está mal. Guasave merece justicia, sí… pero también merece altura política y soluciones verdaderas.





