Trump critica el medio tiempo del Super Bowl y reabre debate cultural en Estados Unidos
Integra® Noticias
8 febrero, 2026
Categoría: Internacional

Washington, Estados Unidos.- El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX volvió a confirmar que, en Estados Unidos, la cultura pop rara vez es solo entretenimiento. Este domingo, el presidente Donald Trump calificó como “terrible” la presentación de Bad Bunny, convirtiendo el show en un nuevo episodio de confrontación simbólica entre política, identidad y expresión cultural.

A través de su red social Truth Social, Trump afirmó que el espectáculo fue “uno de los peores de la historia” y aseguró que “nadie entiende una palabra” de lo que canta el artista. En el mismo mensaje cuestionó el baile y lo consideró inapropiado para niños, ampliando su crítica más allá de lo musical y llevándola al terreno moral y cultural.

No es una reacción aislada. Desde antes del evento, Trump había manifestado su rechazo a que Bad Bunny encabezara el medio tiempo del Super Bowl LX, calificando la decisión como una mala elección. Tras la presentación, fue más lejos al describirla como “una bofetada” a Estados Unidos y una afrenta a lo que, desde su visión, representan los estándares de éxito y excelencia del país.

El contexto político no es menor. Bad Bunny ha sido crítico de la política migratoria impulsada por la administración Trump. En 2025 decidió no llevar su gira internacional a Estados Unidos como protesta por las redadas migratorias y, durante la última entrega de los premios Grammy Awards, lanzó un mensaje directo en defensa de la comunidad migrante y en contra del ICE. Su participación en el Super Bowl hizo historia al ser el primer artista en ofrecer un repertorio completamente en español durante el evento.

La tensión también se reflejó en el plano institucional. La cuenta oficial de la Casa Blanca publicó en X el lema “Make America Great Again” justo al inicio del espectáculo, un gesto leído por muchos como un mensaje político en medio de un evento deportivo global. Paralelamente, funcionarios y figuras conservadoras promovieron en redes sociales un concierto alternativo organizado por grupos afines, como forma de protesta simbólica.

Más allá de gustos musicales, el episodio deja claro que el Super Bowl se ha convertido en un escenario donde se disputan narrativas más profundas: idioma, migración, identidad y poder cultural. No se discutió solo un show, sino quién tiene derecho a representar a Estados Unidos frente al mundo y bajo qué códigos.