LOS MENSAJES DETRÁS DE LOS EVENTOS POLÍTICOS
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22 junio, 2026
Categoría: Columnas | Norte | Sinaloa

🟦 Sesión Abierta / por Horacio Miranda

Las asambleas, los mensajes y los nuevos acomodos políticos muestran que la disputa interna de Morena comienza a entrar en una fase distinta rumbo al 2027.

Hay momentos en política donde los discursos importan menos que las fotografías.

Las palabras suelen construirse para enviar mensajes públicos. Las imágenes, en cambio, terminan revelando lo que ocurre detrás de los escenarios.

La visita de Imelda Castro a Guasave dejó precisamente ese tipo de lecturas.

Formalmente fue una Asamblea en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Un evento similar a muchos otros que Morena ha realizado en distintas partes del país. Sin embargo, para quienes observan la política más allá de los discursos, el encuentro dejó señales que merecen atención.

La primera tiene que ver con el momento político.

Mientras la definición de la Coordinación Estatal para la Defensa de la Cuarta Transformación se acerca, los distintos aspirantes comienzan a medir fuerzas en territorio, ya no se trata únicamente de encuestas o posicionamientos mediáticos, se trata de mostrar capacidad de convocatoria, estructura, simpatías y presencia política.

Por eso cada evento empieza a tener doble lectura, lo que ocurre arriba del escenario importa, pero también importa quién está sentado en él y quién no.

La política sinaloense siempre ha sido generosa en símbolos, un saludo, una fotografía, una ausencia o una invitación pueden generar más interpretaciones que un discurso completo.

En Guasave ocurrió algo similar, más allá de la convocatoria, las miradas se dirigieron hacia los actores políticos presentes, hacia los liderazgos que decidieron acompañar el evento y hacia los mensajes que inevitablemente se construyen cuando un proceso interno comienza a tomar velocidad.

Porque aunque públicamente todos los aspirantes hablan de unidad, respeto y compañerismo, resulta natural que cada grupo político empiece a construir sus propias rutas de apoyo y posicionamiento.

Eso ocurre en Morena, ocurre en todos los partidos y seguirá ocurriendo mientras exista competencia política.

Quizá por eso una de las frases más relevantes de la jornada fue aquella donde Imelda Castro aseguró que dentro del movimiento no existen proyectos personales por encima del proyecto colectivo.

Es un mensaje importante, pero también refleja el momento que atraviesa el partido, porque cuando la competencia interna crece, la unidad deja de ser un discurso automático y se convierte en una tarea política que debe construirse todos los días.

El verdadero desafío para Morena no será definir quién gana una encuesta, será conservar la cohesión después de conocer el resultado y ahí es donde comienza la parte más compleja.

Las encuestas terminarán definiendo un nombre, pero la elección de 2027 exigirá mucho más que un nombre, exigirá estructuras trabajando juntas, grupos políticos caminando en la misma dirección.

Liderazgos capaces de procesar diferencias sin convertirlas en rupturas, por eso los eventos territoriales que hoy observamos son más importantes de lo que parecen, no solamente sirven para medir simpatías, también permiten observar cómo se acomodan las piezas, quiénes construyen puentes y quiénes comienzan a marcar distancia.

La política suele resolverse mucho antes de las campañas y en Sinaloa, cada vez resulta más evidente que la disputa interna de Morena está entrando en una nueva etapa.

Todavía no hay definición, todavía no hay candidatura, todavía no hay resultado, pero el territorio ya comenzó a enviar mensajes.

Y en política, quien sabe leer los mensajes suele entender antes que los demás hacia dónde se mueve el poder.