🟦 Sesión Abierta / Por Horacio Miranda
Más que buscar candidatos, el Partido Sinaloense parece obligado a responder una pregunta incómoda: ¿qué hizo con la estructura política que durante años le permitió competir, crecer y convertirse en una fuerza real dentro de Guasave?
Hay partidos que pierden elecciones. Hay partidos que pierden posiciones políticas. Y hay partidos que, sin darse cuenta, terminan perdiendo algo mucho más valioso: a su propia gente.
Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con el Partido Sinaloense en Guasave.
Porque cuando se revisa la historia reciente del PAS en el municipio aparece una realidad difícil de ignorar. Durante años fue una organización con presencia en prácticamente todas las sindicaturas, con liderazgos activos en colonias populares, con operadores políticos que mantenían contacto permanente con la ciudadanía y con una capacidad de movilización que muchos partidos tradicionales observaban con respeto.
No era casualidad. Existía trabajo territorial, organización, disciplina y una estructura humana que mantenía vivo al partido más allá de los procesos electorales. Había reuniones constantes, recorridos permanentes y una presencia que permitía al PAS mantenerse vigente en la conversación pública.
Hoy la percepción es distinta.
La estructura formal sigue existiendo. Hay comité municipal, representación política y dirigencia estatal. Sin embargo, cuando se observa la actividad cotidiana del partido, resulta inevitable preguntarse qué ocurrió con toda aquella red de liderazgos que durante años sostuvo el proyecto político en Guasave.
Carlos Leyva encabezó el Comité Directivo Municipal durante la etapa fundacional entre 2013 y 2016. Posteriormente vino la dirigencia de Alba Virgen Montes entre 2018 y 2021. Más tarde llegó Reynaldo Castro, quien condujo al partido entre 2022 y 2025. Son nombres que forman parte de distintas etapas del PAS en el municipio, pero también representan una pregunta que hoy sigue sin respuesta.
¿Qué pasó con los equipos que acompañaron esas dirigencias?
Porque los presidentes de partido no construyen estructuras solos. Detrás de cada etapa existieron coordinadores, promotores, operadores políticos y líderes comunitarios que mantenían presencia en las colonias, en las comunidades rurales y en las sindicaturas. Eran ellos quienes daban vida al movimiento.
Hoy muchos de esos liderazgos ya no aparecen.
Y no es ningún secreto que una parte importante de la fortaleza territorial del PAS se construyó alrededor de liderazgos vinculados a las distintas unidades académicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Durante años, directivos, docentes, trabajadores y liderazgos universitarios participaron activamente en la construcción política del partido. Esa estructura permitió generar presencia territorial, movilización y capacidad organizativa en buena parte del estado.
Ese capital político ya no parece tener el mismo peso.
Sin embargo, sería ingenuo pensar que desapareció por completo. Seguramente todavía existen hombres y mujeres que en algún momento caminaron junto al PAS, que dedicaron tiempo, esfuerzo y trabajo para fortalecer el proyecto y que conservan simpatía por el movimiento. La verdadera interrogante es quién mantiene hoy contacto con ellos, quién los convoca, quién los escucha y quién les recuerda que siguen formando parte de una organización que ayudaron a construir.
Porque si el partido dejó de buscarlos, alguien más terminará haciéndolo.
Y ahí es donde comienza la verdadera prueba para el actual dirigente municipal, el doctor Humberto Valenzuela.
Más allá de una eventual candidatura o de las aspiraciones que legítimamente pueda tener cualquier actor político, el reto de Humberto Valenzuela parece mucho más profundo. Su responsabilidad consiste en demostrar que todavía existe capacidad para reconstruir una estructura que durante años fue una de las principales fortalezas del PAS en Guasave.
La pregunta ya no es si puede convertirse en candidato.
La pregunta es si puede convertirse en líder.
Porque una candidatura puede construirse en unos cuantos meses. Un liderazgo capaz de reactivar una estructura territorial requiere algo mucho más complejo: recuperar confianza, reconstruir vínculos y volver a entusiasmar a personas que dejaron de sentirse parte del proyecto.
La elección de 2027 se acerca rápidamente y, hasta ahora, el partido sigue sin mostrar señales contundentes de que aquellos liderazgos históricos estén regresando a la actividad política. La verdadera evaluación para la dirigencia no estará en los discursos ni en los eventos públicos. Estará en su capacidad para volver a llenar las reuniones, recuperar presencia en las comunidades y demostrar que todavía existe un movimiento detrás de las siglas.
La situación de Alba Virgen Montes también merece una lectura particular.
Nadie puede negar que forma parte de la historia política reciente del partido y que durante años ha sido una de sus figuras más visibles en Guasave. Precisamente por ello, algunos militantes consideran que esta etapa podría representar una de sus últimas grandes oportunidades para contribuir de manera decisiva a la recuperación del movimiento.
Sus participaciones dentro del Cabildo le han permitido mantener presencia pública. Sin embargo, dentro de diversos sectores políticos existe la percepción de que muchas de sus intervenciones han sido observadas más desde una óptica personal que como una representación visible de las causas y de la agenda política del Partido Sinaloense.
Y eso inevitablemente abre otra discusión.
Si alguien conoce la estructura histórica del PAS en Guasave es Alba Virgen. Si alguien sabe quiénes fueron los liderazgos que construyeron al partido y dónde se rompieron los vínculos con la base, es precisamente ella. Por eso algunos consideran que este momento representa una oportunidad para devolverle al partido parte de lo que el propio partido le permitió construir políticamente.
Porque el problema del PAS no parece ser la falta de nombres.
El problema parece ser la falta de movimiento.
Y entre más tiempo pase sin recuperar a quienes alguna vez sostuvieron la estructura, más difícil será reconstruirla.
Mientras Morena fortalece su presencia territorial y otras fuerzas políticas comienzan a reorganizarse rumbo al 2027, el Partido Sinaloense parece atrapado entre la memoria de lo que fue y la incertidumbre de lo que quiere ser.
Al final, la verdadera batalla del PAS no está en conseguir nuevos simpatizantes. Está en reencontrarse con quienes durante años sostuvieron el movimiento, en volver a tocar las puertas que dejó de tocar y en reconstruir una identidad que hoy parece dispersa.
Porque una organización política puede conservar oficinas, cargos, registros y representación institucional.
Lo que no puede darse el lujo de perder es a la gente que la hizo crecer.
Y esa, más que una elección, parece ser hoy la verdadera prueba de supervivencia para el Partido Sinaloense en Guasave.





