La caída de “La Guajolota” marcó para siempre a Los Mochis y a decenas de familias de Sinaloa y Baja California Sur
Los Mochis.– Este miércoles se cumplen 40 años del accidente aéreo más trágico en la historia del noroeste del país, ocurrido la mañana del 29 de enero de 1986, cuando el avión DC-3 matrícula XA-IOR, de la empresa AeroCalifornia, conocido popularmente como “La Guajolota”, se desplomó a un costado del Hotel Colinas, en la ciudad de Los Mochis.
La aeronave había despegado a las 07:30 horas de Ciudad Constitución, Baja California Sur, con destino a Los Mochis. Sin embargo, al aproximarse a la ciudad, la torre de control informó que el Aeropuerto Internacional del Valle del Fuerte se encontraba cerrado por intensa neblina, condición que también impedía aterrizar en pistas alternas cercanas como Las Lomitas y Santa Rosa.
Pese a contar con combustible suficiente para tres horas de vuelo y con opciones para dirigirse a aeropuertos alternos como El Fuerte, Ciudad Obregón o Culiacán, el capitán Modesto Copado Hernández, con más de 12 mil horas de vuelo, decidió intentar el aterrizaje en condiciones adversas.
Tras dos intentos fallidos, el avión fue visto virando sobre el Hotel Colinas, segundos antes de impactarse contra el suelo. La aeronave cayó recostada sobre una de sus puertas, lo que impidió la evacuación de los ocupantes. Minutos después, se produjo una explosión que cobró la vida de las 21 personas a bordo: 18 pasajeros y tres tripulantes, quienes murieron calcinados.
Autoridades de Aeronáutica Civil concluyeron que la decisión del piloto fue determinante para el desenlace del accidente. El entonces gobernador de Sinaloa, Antonio Toledo Corro, declaró que el piloto fue advertido de las condiciones extremas de visibilidad.
Elementos del Cuerpo de Bomberos y Cruz Roja de Los Mochis acudieron de inmediato al sitio del siniestro. Los restos humanos fueron trasladados a una funeraria local para su identificación y posterior entrega a sus familias, la mayoría originarias de Baja California Sur, aunque también hubo víctimas de Sinaloa y Sonora.
El hecho fue documentado por el fotógrafo Óscar Guerrero Talavera, de El Debate, quien se encontraba cubriendo un evento en el Hotel Colinas y presenció la explosión, logrando captar imágenes que se convirtieron en testimonio histórico de la tragedia.
Incluso una periodista de la agencia Associated Press (AP), Cam Rossie, fue testigo del accidente desde el aire, cuando viajaba en otra aeronave que sobrevolaba la zona y observó el momento exacto en que el DC-3 perdió el control y se desplomó.
A cuatro décadas del suceso, La Guajolota sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva de Los Mochis y del noroeste de México, recordada como una tragedia que dejó lecciones sobre seguridad aérea, toma de decisiones y responsabilidad institucional.





