“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”, Victor Hugo (1802-1885) Novelista francés.
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26 febrero, 2026
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Entre Veredas.- Por Marco Antonio Lizárraga
El embudo
TRABAS
En política, los grandes proyectos no suelen estrellarse contra la oposición; se fracturan, muchas veces, en la propia mesa donde se diseñan. La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum vive precisamente ese momento: el de mirarse al espejo del poder compartido y descubrir que la mayoría no siempre es sinónimo de unanimidad.

Desde su planteamiento, la iniciativa ha sido presentada bajo una narrativa potente: reducir el costo del sistema electoral, revisar el modelo de representación proporcional, ajustar el financiamiento público a los partidos y simplificar la arquitectura institucional. El argumento es seductor en tiempos donde la austeridad se convirtió en bandera política y donde la ciudadanía suele mirar con recelo el gasto partidista.

Pero las reformas constitucionales no se aprueban con narrativa, sino con votos. Y esos votos no son automáticos.
Morena encabeza el proyecto y controla buena parte del Congreso, pero la mayoría calificada exige cohesión plena del bloque oficialista. Allí entran en escena sus aliados estratégicos: el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Ambos han acompañado al movimiento en reformas clave, pero frente a la electoral han marcado matices que no pueden ignorarse.
La razón es estructural, no coyuntural.

El financiamiento público y la representación proporcional —las llamadas plurinominales— son pilares de supervivencia para los partidos que no dominan territorialmente el mapa electoral. Mientras Morena puede aspirar a ganar por mayoría en numerosos distritos, PT y PVEM dependen en mayor medida del voto nacional traducido en listas. Reducir esos espacios implica alterar su capacidad de negociación, su presencia legislativa y, en términos prácticos, su influencia política.

En otras palabras, la reforma toca directamente la arquitectura que sostiene a los aliados.

No se trata de una rebelión ideológica. Se trata de cálculo político. En cualquier sistema multipartidista, los partidos medianos protegen con especial celo los mecanismos que garantizan su permanencia. Acompañar una reforma que reduzca plurinominales o financiamiento sin condiciones sería aceptar una disminución voluntaria de poder. Y la política rara vez premia el desprendimiento.

Aquí aparece la primera gran traba: la aritmética constitucional. Para modificar la Carta Magna se requiere mayoría calificada en ambas cámaras y posteriormente la aprobación de la mayoría de los congresos estatales. Eso obliga a mantener unido al bloque gobernante sin fisuras. Cada voto cuenta, y cada aliado tiene capacidad de negociación.

La segunda traba es temporal. Las reformas electorales están sujetas a límites constitucionales que impiden cambios cercanos al inicio de los procesos comiciales. El reloj avanza, y la ventana para aprobar y armonizar las modificaciones no es indefinida. El tiempo, en política, no solo presiona: también encarece acuerdos.

La tercera traba es narrativa. Morena ha construido parte de su identidad sobre la pluralidad del movimiento y la alianza amplia que le permitió consolidar mayoría. Si la reforma termina debilitando a sus propios socios, el mensaje interno podría interpretarse como una concentración de poder en detrimento del equilibrio de la coalición. Y aunque el liderazgo presidencial sea fuerte, ninguna mayoría es inmune al desgaste interno.

El dilema es evidente: ¿cómo reducir costos sin reducir aliados?

Es probable que el resultado final no sea la reforma ambiciosa planteada inicialmente, sino una versión negociada. Ajustada. Tal vez se mantenga el número total de legisladores con cambios en el método de asignación, o se establezcan esquemas transitorios que mitiguen el impacto inmediato en los partidos pequeños. La política mexicana tiene larga tradición de reformas que nacen maximalistas y concluyen pragmáticas.

Más allá del contenido específico, lo que revela este episodio es algo más profundo: el oficialismo ya no enfrenta únicamente el reto de gobernar frente a la oposición, sino de administrar su propia diversidad interna. La coalición que fue fortaleza electoral ahora es un espacio de equilibrios delicados.

En este escenario, el PT y el PVEM no actúan como adversarios, sino como actores que recuerdan que el poder se comparte. Morena, por su parte, debe decidir cuánto está dispuesto a ceder para mantener intacta la alianza que le dio estabilidad legislativa.
La reforma electoral, así, se convierte en una prueba de madurez política. No por su discurso de austeridad, sino por su capacidad de conciliar intereses dentro del bloque gobernante.

Porque al final, toda reforma de reglas del juego electoral es también una reforma del equilibrio del poder. Y cuando se toca el equilibrio, nadie permanece indiferente.

La pregunta que queda en el aire no es si habrá reforma, sino qué tan profunda podrá ser sin fracturar la coalición que la impulsa.

En política, las mayorías no se miden solo en números, sino en cohesión. Y hoy, esa cohesión es la verdadera arena donde se libra la batalla.

VIENE CLAUDIA

La presidenta Claudia Sheinbaum realizará una gira por Sinaloa con actividades en Mazatlán, San Ignacio y Culiacán, en una agenda que combina programas sociales y arranque de infraestructura hospitalaria.

El viernes 27 encabezará la “Mañanera del Pueblo” a las 7:30 horas en la sede de la III Región Militar en Mazatlán. Más tarde se trasladará a San Ignacio para participar en un evento vinculado a los Programas de Bienestar. El gobernador Rubén Rocha Moya adelantó que el encuentro estará relacionado con la Beca Rita Cetina.

Para el sábado 28, la mandataria federal presidirá en Culiacán el inicio de obra del Hospital Regional de Especialidades del Instituto Mexicano del Seguro Social, programado a las 10:00 horas, siendo este el único acto contemplado en la capital sinaloense.

Hasta ahora no se ha informado dónde pernoctará la presidenta la noche del viernes. El domingo 1 de marzo continuará su gira en Ciudad Constitución, Comondú, Baja California Sur, donde participará en otra actividad relacionada con Programas de Bienestar.

De manera paralela, Rocha Moya adelantó que uno de los planteamientos que hará a la presidenta será el respaldo al campo sinaloense, particularmente en lo referente a la comercialización del maíz del ciclo agrícola en curso. No se ha confirmado un encuentro formal con productores durante la visita.

marcoantoniolizarraga@entreveredas.com.mx
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