🟦 Sesión Abierta / por Horacio Miranda
La primera reunión con legisladores después de 112 días dejó presencias, ausencias y señales que difícilmente pasan inadvertidas.
En política, cuando alguien regresa al centro de la mesa, también queda claro quién decide acercarse y quién prefiere mantener distancia.
La primera reunión de Rubén Rocha Moya con legisladores de Morena y del Partido Verde, después de 112 días separado temporalmente de la gubernatura, tuvo mucho más significado del que podría suponerse a simple vista. Fue un encuentro formal, sobrio, de trabajo. Rocha se mostró serio, concentrado y sin necesidad de grandes demostraciones. Pero también dejó ver la disposición de quien regresa con energía para retomar sus actividades y aprovechar el tiempo que todavía tiene por delante al frente del Gobierno de Sinaloa.
La fotografía, sin embargo, comenzó a adquirir otra lectura cuando se observó quiénes no estaban.
Carlos Escobar, Sthefany Rea, el doctor Palma, César Guerrero, Pedro Lobo y Minerva Vázquez, diputados de Morena, no acudieron al encuentro. Cada uno podrá tener sus propias razones y sería irresponsable convertir automáticamente una ausencia en una ruptura política. Pero tampoco se puede ignorar el contexto. Durante los 112 días en que Rocha estuvo separado temporalmente del cargo, algunos de estos legisladores dejaron entrever, de manera directa o indirecta, una posición distante respecto al gobernador.
Por eso, en esta ocasión, las ausencias pesan distinto.
No porque faltar a una reunión signifique necesariamente estar en contra del gobernador, sino porque el momento político importa. Esta no era una reunión cualquiera. Era el primer encuentro de Rocha con una parte de los legisladores de su partido después de su reincorporación. Era, también, una oportunidad para observar cómo quedaron las relaciones políticas después de un periodo suficientemente largo para que cada grupo pudiera acomodar sus propias piezas.
Y mientras algunos decidieron no acudir, hubo una presencia que llamó especialmente la atención: Serapio Vargas.
Su asistencia quizá no estaba entre las más esperadas. La relación política entre Serapio y Rocha ha tenido diferencias, posiciones propias y momentos de distancia. Por eso verlo sentado en esa mesa produjo una imagen políticamente interesante.
Serapio acudió, aunque su expresión durante el encuentro llamó la atención. Se le observó serio, sorprendido, incluso desencajado. Una fotografía no puede convertirse en una sentencia política, pero tampoco hay que desconocer que en política los gestos también comunican.
Serapio conoce bien los tiempos políticos. Tiene la capacidad de moverse en escenarios complicados y, sobre todo, de entender cuándo conviene estar presente. Tal vez acudió para escuchar directamente al gobernador. Tal vez para medir el ambiente. Tal vez para conocer de primera mano cuál será la nueva dinámica después del regreso.
O, como seguramente se comentará en los pasillos políticos, para salvar el alma y no quedarse fuera de la fotografía cuando el poder volvió a ocupar su lugar. Lo cierto es que estuvo.
Y esa presencia contrasta con las ausencias. El asunto adquiere todavía mayor relevancia porque Rocha regresa cuando Morena ya está inmerso en la ruta hacia 2027. Los aspirantes a la gubernatura están recorriendo el estado, los grupos políticos comienzan a definirse y cada actor calcula sus posibilidades. En ese escenario, el regreso del gobernador modifica nuevamente las condiciones.
Rocha todavía tiene gobierno por delante. Su administración entra en su etapa final, pero conserva una posición institucional y política que difícilmente puede ser ignorada por quienes ya están pensando en la sucesión.
Por eso esta reunión puede entenderse como una primera medición de temperatura. No hubo confrontaciones públicas ni discursos estridentes. Hubo algo mucho más útil para quien observa la política: quién estuvo, quién no estuvo y quién decidió sentarse a escuchar.
Ahora vendrá una etapa interesante. Rocha tendrá que retomar el ritmo de gobierno, recomponer entendimientos y conducir la administración hacia su cierre. Al mismo tiempo, los actores que durante su ausencia tomaron distancia tendrán que decidir cómo relacionarse con un gobernador que ya está nuevamente en funciones.
Porque una cosa es hacer política cuando el poder está temporalmente ausente y otra muy distinta cuando vuelve a sentarse frente a ti.
La reunión con los legisladores fue, en apariencia, un acto de trabajo. Pero políticamente dejó algo más: una primera fotografía del regreso de Rocha y de la nueva distribución de cercanías, distancias y cautelas dentro de su propio entorno.
Las ausencias no necesariamente significan ruptura. La presencia de Serapio tampoco significa reconciliación.
Pero ambas cosas forman parte del mensaje.
Y mientras la carrera por 2027 comienza a tomar velocidad, Rubén Rocha Moya acaba de recordar que la sucesión todavía no ha llegado y que, por ahora, quien ocupa la silla de gobernador es él.
Porque en política no basta con saber quién llega a la mesa; también hay que observar quién decide no sentarse. La Sesión sigue abierta.





