🟦 Sesión Abierta / por Horacio Miranda
El interinato, la Coordinación de la Defensa y los acuerdos entre los principales grupos internos comienzan a dibujar el nuevo escenario político de Sinaloa.
Morena parece haber encontrado un punto de equilibrio entre sus principales grupos: Graciela Domínguez asume el interinato, Imelda Castro apunta a quedarse con la Coordinación de la Defensa y el grupo cercano a Rubén Rocha conserva espacios de influencia.
En política, los acuerdos importantes pocas veces se anuncian completos. Primero aparecen las señales, después los movimientos y finalmente los resultados. En Sinaloa estamos viendo justamente eso. Después de varios días de incertidumbre alrededor de la gubernatura, Morena parece haber encontrado una fórmula para acomodar a sus principales grupos y llegar a 2027 con un escenario interno más ordenado.
La llegada de Graciela Domínguez Nava al gobierno interino no solamente resolvió temporalmente la conducción del Ejecutivo. También abrió una lectura política. Su grupo obtiene una posición institucional de enorme relevancia, mientras los sectores identificados con Imelda Castro y Rubén Rocha Moya conservan espacios y capacidad de operación dentro del proyecto que se prepara para la próxima elección.
No existe un documento público que confirme un acuerdo formal entre los tres grupos y sería irresponsable presentarlo como un hecho. Pero los movimientos registrados permiten observar algo importante: nadie parece haberse quedado fuera de la jugada. En política, cuando todos conservan algo, normalmente estamos frente a una negociación.
Domínguez asume ahora una responsabilidad que cambia su posición. Mientras otros perfiles continúan pensando en la candidatura, ella tendrá que concentrarse en conducir temporalmente el estado. Su grupo obtiene el gobierno interino, pero deja de competir directamente por la candidatura. Del otro lado está la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación, que será la antesala de la candidatura de Morena a la gubernatura. Y ahí es donde el grupo de Imelda Castro parece tomar ventaja.
La lectura política apunta a que el sector de Imelda será favorecido con la Coordinación de la Defensa, una posición estratégica porque implica encabezar la organización política y territorial rumbo al proceso electoral de 2027. No significa todavía tener formalmente la candidatura, pero sí colocarse en una posición privilegiada para construirla.
La última palabra, por supuesto, corresponde a la dirigencia nacional. Sin embargo, en este tipo de procesos los acuerdos internos, los equilibrios entre grupos y la capacidad territorial terminan siendo factores determinantes.
Mientras tanto, el grupo cercano a Rubén Rocha tampoco desaparece. La política no funciona como un interruptor. Las relaciones, estructuras y lealtades construidas durante años permanecen aunque cambien las circunstancias. La salida temporal del gobernador modificó el escenario, pero no borró a su grupo. Ahora tendrán que demostrar qué tan sólida es esa estructura sin la presencia directa de Rocha.
La fotografía comienza a ser más clara: el grupo de Graciela con el interinato; el sector de Imelda encaminándose hacia la conducción del proceso político y electoral; y el grupo cercano a Rocha conservando posiciones importantes dentro de la estructura. Si esta lectura termina confirmándose con los siguientes movimientos, Morena habría conseguido algo que no siempre resulta sencillo: repartir espacios sin romper el proyecto común.
Pero la verdadera prueba todavía está por venir.
Porque una cosa es distribuir posiciones y otra conseguir que todos trabajen después por el mismo proyecto. Quien encabece la candidatura necesitará estructura, operadores, presencia territorial y capacidad para sumar a quienes hoy también tenían aspiraciones.
Ahí se conocerá la verdadera fortaleza del acuerdo.
Si Morena consigue mantener unidos a sus principales grupos, llegará a 2027 con una ventaja importante. Pero si después de repartir posiciones aparecen inconformidades, fracturas o grupos que deciden caminar por su cuenta, el escenario puede cambiar rápidamente.
Y aquí aparece la otra parte de esta historia: la oposición.
PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y Partido Sinaloense tienen frente a ellos una oportunidad que no deberían desperdiciar. No basta con señalar los errores del gobierno ni esperar que Morena se desgaste por sí solo. Necesitan construir una narrativa propia, presentar perfiles competitivos y decidir si les conviene caminar juntos, establecer acuerdos parciales o competir por separado.
El PRI conserva experiencia y estructura electoral. El PAN necesita recuperar presencia territorial. Movimiento Ciudadano ha logrado atención política y mediática, pero tiene pendiente convertir esa visibilidad en resultados electorales. El PAS enfrenta el reto de reconstruir liderazgos y organización. Cada uno tiene problemas distintos, pero también una posibilidad común: volver a conectar con una ciudadanía que está esperando propuestas y resultados, no solamente acuerdos entre partidos.
Porque mientras los grupos políticos negocian posiciones, el ciudadano observa otra cosa: quién puede gobernar, quién puede resolver problemas y quién representa una alternativa creíble.
Por eso todavía sería apresurado decir que todo está decidido. Lo que sí parece claro es que Morena está acomodando sus piezas. El Partido Verde y el Partido del Trabajo tendrán también que encontrar su lugar dentro de la ecuación, mientras la oposición deberá decidir si aprovecha este momento o deja pasar otra oportunidad.
Después de la candidatura vendrán las alcaldías, las diputaciones, las planillas y las negociaciones territoriales. Y será precisamente en esos espacios donde volverán a medirse las fuerzas reales de cada grupo.
La elección de 2027 todavía no comienza formalmente, pero la competencia ya está en marcha. Los acuerdos empiezan a dibujar el tablero y cada posición conseguida tendrá un valor distinto cuando llegue el momento de pedir el voto.
Hoy, Morena parece haber encontrado un punto de equilibrio entre sus principales grupos. El sector de Graciela tiene el interinato. El grupo de Imelda apunta hacia la Coordinación de la Defensa. El entorno de Rocha mantiene espacios de influencia. Y la dirigencia nacional tendrá que cerrar la siguiente etapa: definir quién encabezará finalmente la candidatura.
La oposición, mientras tanto, tiene una pregunta que responderse a sí misma: ¿va a limitarse a observar cómo Morena acomoda sus piezas o será capaz de construir una alternativa que realmente compita?
Porque una elección no se gana solamente con estructuras. También se gana con una narrativa que conecte con la gente, con candidatos que generen confianza y con la capacidad de convertir una coyuntura política en una oportunidad electoral.
Morena parece estar ordenando su casa. Ahora falta saber si la oposición tendrá la capacidad y la inteligencia política para entrar en la competencia antes de que las posiciones queden definitivamente ocupadas. En Sinaloa, el tablero comienza a definirse, pero la partida todavía no termina, mientras tanto “La sesión sigue abierta”.





