🟦 Sesión Abierta / por Horacio Miranda
El regreso y la nueva licencia de Rocha vuelven a mover el tablero político; Morena, sus aliados y una oposición que busca recuperar terreno tendrán que demostrar quién está preparado para convertir este momento en una oportunidad electoral.
En política, a veces una decisión que parece cerrar un capítulo termina abriendo otro. Eso acaba de ocurrir en Sinaloa. Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura después de 112 días de licencia, retomó sus funciones y, apenas 34 horas después, presentó una nueva solicitud para separarse del cargo. El Congreso del Estado tendrá ahora que procesar la petición y definir nuevamente quién conducirá temporalmente el Ejecutivo.
El regreso de Rocha no fue un acto menor. En su primera jornada retomó actividades, se reunió con su gabinete y volvió a ocupar el espacio político que durante más de tres meses había estado en manos de una gobernadora interina. También sostuvo reuniones con legisladores de Morena y del Partido Verde, además de un encuentro con Enrique Inzunza Cázarez. Tenía programada una reunión con alcaldes, pero ésta finalmente fue suspendida. Cada uno de esos movimientos forma parte de una fotografía política que ahora tendrá que ser interpretada de nuevo.
Porque la salida de Rocha no solamente abre la puerta a otro interinato. También obliga a los grupos políticos a recalcular. Durante unos días, la agenda de Sinaloa giró alrededor de una pregunta: ¿qué significaba el regreso del gobernador? Ahora la pregunta es otra: ¿qué va a producir políticamente su nueva salida?
La respuesta todavía no está escrita, pero el escenario ya cambió.
Morena tendrá que cuidar sus equilibrios internos y sus relaciones con sus aliados. El Congreso tendrá que tomar una decisión institucional en medio de un ambiente político complejo. Y la oposición tendrá frente a sí una oportunidad que no debería desperdiciar.
PRI, PAN, Movimiento Ciudadano y Partido Sinaloense pueden aprovechar este momento para reorganizarse, mejorar su aceptación entre la ciudadanía y comenzar a construir una competencia real rumbo a 2027. Pero no será suficiente con cuestionar al gobierno. Tendrán que ofrecer una alternativa clara, candidatos competitivos y una narrativa que conecte con lo que la gente está viviendo.
El PRI tendrá que echar mano de su experiencia y estructura; el PAN necesita recuperar presencia y liderazgo; Movimiento Ciudadano deberá demostrar que puede convertir presencia mediática en votos, y el PAS tendrá que mostrar hasta dónde llega realmente su capacidad de reorganización. La posibilidad de competir existe, pero dependerá de que sepan leer el momento y, sobre todo, de que sean capaces de ponerse de acuerdo.
Una coalición puede ser una opción, pero no necesariamente la única. También puede ocurrir que alguno de estos partidos encuentre una candidatura fuerte y decida competir por separado. Lo importante será entender que una alianza no se construye solamente sumando logotipos. Se construye con organización, acuerdos y una candidatura capaz de convencer.
Mientras tanto, Morena enfrenta su propia definición. El partido ya trabaja en la ruta para seleccionar a quien encabezará su proyecto rumbo a 2027, pero ahora tendrá que resolver quién conduce el gobierno durante la nueva ausencia de Rocha. Son dos asuntos distintos, aunque inevitablemente se cruzan.
Por eso, la persona que llegue a la gubernatura interina no debería convertirse en una pieza más de la sucesión. Su tarea será gobernar: mantener funcionando la administración, atender los asuntos del estado, dar certeza a los municipios y mantener la coordinación institucional con la Federación.
El Congreso tendrá una responsabilidad importante. La decisión que viene puede ser temporal, pero tendrá lectura política. Habrá que observar quién aparece en la propuesta, quién la respalda y qué acuerdos se construyen para conseguir los votos necesarios.
También habrá que poner atención en Enrique Inzunza. Su encuentro con Rocha, justo antes de la nueva licencia, abre preguntas sobre el papel que tendrá en el escenario que viene. No sería serio adelantar acuerdos que no conocemos, pero tampoco sería prudente ignorar una reunión que ocurre precisamente cuando las piezas vuelven a moverse.
Y aquí está lo interesante: durante los 112 días de ausencia de Rocha, los grupos políticos tuvieron tiempo para acomodarse. Ahora deberán revisar nuevamente sus posiciones. Quienes ganaron espacio tendrán que defenderlo; quienes quedaron fuera buscarán recuperarlo. Los aspirantes a 2027 tendrán que observar cuidadosamente qué grupo gana interlocución y cuál comienza a perderla.
La oposición también tendrá que decidir si observa desde la distancia o entra de lleno a la competencia. Esta coyuntura puede servirle para crecer, pero solamente si deja atrás las viejas disputas y presenta una propuesta que la ciudadanía pueda entender.
Porque mientras Morena piensa en quién podría gobernar Sinaloa después de 2027, el Congreso tendrá que decidir quién debe conducirlo durante los próximos meses. Las dos discusiones están relacionadas, pero no deben confundirse.
Una gubernatura interina no puede convertirse en una candidatura adelantada ni en una recompensa política. Debe ser una solución institucional.
Lo ocurrido en estos últimos días deja una conclusión sencilla: todavía no existe una fotografía definitiva del poder en Sinaloa. Rocha regresó, retomó actividades, se reunió con su equipo y con actores políticos, y después volvió a solicitar licencia. Ahora el Congreso tendrá que responder y los partidos tendrán que volver a acomodar sus piezas.
La política sinaloense no se detuvo. Hizo una pausa para observar el regreso de Rocha y ahora vuelve a caminar sobre un terreno distinto.
La pregunta ya no es solamente quién ocupará temporalmente la gubernatura. La pregunta de fondo es quién sabrá aprovechar este nuevo escenario para llegar mejor posicionado a 2027.
Las piezas están nuevamente sobre la mesa. Ahora falta saber quién sabe moverlas mejor mientras tanto “La sesión sigue abierta”





